A medida que uno crece, descubre que hay una fuerza muy parecida a la inercia que nos lleva a complicar las cosas. Que si uno no lucha contra ella cual pez que lucha contra la corriente, corre peligro de perder lo más preciado que uno tiene en la vida: la simpleza.
- Cada vez que tengo la oportunidad -me cuenta María Elena-, le cuento a un niño cualquiera de mis problemas. Si mi respuesta difiere de la suya, me siento a reconsiderar mi planteo. Nada más digno de ser considerado que lo que viene de alguien que puede ser feliz simplemente con una pelota.

Quiero comprender lo que decís e intento hacer una analogía con las experiencias de mi vida diciendo: haber….puedo comparar el juego de un niño con el oficio o tarea que uno haga y desarrolle en su vida y si con ella encuentra felicidad dá por sentado que cualquier dificultad se resuelve sencillamente, claro, esto solo si tu tarea te remonta a ese estado del juego, pero resulta que en la vida de relación con nuestros semejantes la cosa cambia, casí siempre aparece esa fuerza a la que hacés mención y ahí se abre un abanico de posibilidades…todo porque el otro/a cree que el juego es cosa de niños…