En Buenos Aires, Alicia se queja y sufre porque Federico está lejos.
Hace ya meses que él dejó su ciudad natal para conocer el Viejo Mundo. Se escriben a menudo pero no es lo mismo. Ella lo quiere allí, con y para ella. Ella quiere verlo y sentirlo cerca otra vez. Mirarlo a los ojos y abrazarlo y besarlo como siempre. Y cuando nadie la ve, llora por la distancia que los separa.
Lo que Alicia no sabe es que del otro lado del océano, Federico la lleva con él a cada paso que da.
