En Mesiego, Galicia, Marta dibuja gente. Dibuja a sus papás, a sus abuelos, a sus primos y a sus amigos. A veces los hace altos, con piernas largas y a veces, bajos, solo formados por círculos. Usa crayones de muchos colores para pintarlos y siempre en sus dibujos están haciendo algo en un lugar determinado, real o imaginario. En todas las casas de familiares y amigos hay al menos un dibujo de Marta en alguna pared o en algún portarretrato.
Marta dibuja a todos los que comparten el día a día con ella, a los que viven lejos e incluso a los que ya murieron. Sin embargo, todos cobran vida en sus dibujos y le sonríen desde su hoja de papel.
