Marta sufrió como todos la muerte del tío Jose. Lo querían como a pocos porque era como pocos. Durante meses, nadie parecía estar en su lugar. Todos estaban padeciendo una suerte de asincronía temporal. A pesar de sus seis años, Marta comprendió la situación desde un comienzo y no hizo falta ningún tipo de eufemismo a la hora de decirle que ya no iba a poder ver más a su tío.
Pero Marta no lo creyó. Y tenía razón. ¿Cómo no iba a verlo si el tío venía todas las noches cuando su mamá le apagaba la luz y ella cerraba los ojos?
