
Lo más lindo de la vida pasa en instantes. Besos, abrazos, risas, miradas, sensaciones… experiencias que uno vive que lo hacen sentir que está en el momento y lugar indicados haciendo exactamente lo que debería estar haciendo. A tono con el universo. Uno y el universo son una sola cosa.
Momentos mágicos que nos llenan de una luz que ninguna palabra podría describir. Una estimulación sublime de lo más íntimo de nuestro ser que nos abstrae de todo lo ajeno a ese momento.
Lo paradójico es que esos momentos pocas veces tienen que ver con lo que buscamos. Suelen darse de improviso y quizás sea por eso generan sentimientos tan eficaces.
Instantes… al fin y al cabo son eso de lo que nuestras vidas se componen.