
Creo que jugar es algo que no tiene que dejar de suceder. Creo que siempre uno tiene que recordar que la vida tiene mucho de juego… de risa… de diversión.
Lamentablemente, algunas almas un poco oxidadas conciben al juego como lo opuesto de la seriedad, como algo que debe relegarse a los momentos en los que no hay nada ‘importante’ que hacer.
Para ellas, como así también para los que creen, como yo, que jugar y divertirse es la mejor forma de vagar por esta vida llena de misterios pero hermosa por sus miles de aspectos para nosotros desconocidos, este hermoso texto de Eduardo Galeano:
Yo nací y crecí bajo las estrellas de la Cruz del Sur.
Vaya donde vaya, ellas me persiguen. Bajo la Cruz del Sur, cruz de fulgores, yo voy viviendo las estaciones de mi suerte.
No tengo ningún dios. Si lo tuviera, le pediría que no me deje llegar a la muerte: no todavía. Mucho me falta andar.
Hay lunas a las que todavía no ladré y soles en los que todavía no me incendié. Todavía no me sumergí en todos los mares de este mundo, que dicen que son siete, ni en todos los ríos del paraíso, que dicen que son cuatro.
En Montevideo, hay un niño que explica:
- Yo no quiero morirme nunca, porque quiero jugar siempre.
Los pensamientos nos unen.
Claro, a veces desde el juego podemos abordar a instancias de la vida que de otra forma sería casi imposible y con el recreamos momentos y sentires de felicidad porque nos transportan a espacios únicos, a veces en soledad y las otras con amigos del alma.