Podemos estar lejos. Puede haber miles de kilómetros entre nosotros pero, aun así, te siento cerca.
Desde cuando veo la inicial de tu nombre hasta ahora que simplemente le cuento estas cosas al papel, estás conmigo. Levanto la vista de la hoja y te veo sentada ahí, como si te estuviera retratando.
Quizás no pueda verte ni tocarte. Ni siquiera escuchar tus silencios. Más allá de eso, me basta con pensarte para sonreír y que mi rostro se ilumine.
Puedo perderme por momentos, dejarme llevar por el vuelo de un pájaro o por el hipnotizante vaivén de los árboles. No importa lo que haga, todas y cada una de las cosas que me hacen bien reflejan tu mirada.
No hay caso. Miro al cielo, camino, descanso, sonrío, respiro… y todo, pero todo, me recuerda a vos.
