Hace poco se celebró el Día Internacional de la Mujer en todo el mundo. Me pareció bien en un principio pero después de algún tiempo libre para pensar, pensé que no es tan buena idea.
Creo que hay ciertas cosas indispensables en la vida. El aire, el sol, la tierra, el agua, el hombre, la mujer… y creo que el día de este tipo de cosas debería ser todos los días del año. Que no habría que establecer un día sino que se debería tener siempre presente que sin ellos, no hay existencia posible. Basta recordar que las mujeres son, así como nosotros, necesarias para que la especie exista.
Desde tiempos ancestrales, la mujer se vio relegada a un lugar de represión y marginalidad. Hoy en día, en culturas obsoletas y carentes de sentido las mujeres pasan por situaciones como usar burkas hasta ser menospreciadas o prejuzgadas, simplemente por ser mujeres.
Desde este pequeño pero no insignificante espacio, quiero dejar constancia de que mi vida sin mujeres dejaría totalmente de valer la pena. El ser humano necesita de esa dualidad hombre-mujer para encontrar los sentimientos más sanos y profundos. Por supuesto que, por suerte, todos somos libres de elegir y me parece bien que hagamos uso de ese derecho y si algunos hombres creen que su felicidad está junto a otro de su mismo sexo, que así lo hagan. Yo creo que la verdadera felicidad y realización de un hombre no llegan hasta que escucha su nombre de los labios de una mujer.
No hay palabras para describir lo que es para mí poder abrazar, reír, besar, hacer el amor, reír, pasar tiempo, llorar, hablar, hacer silencio… con una mujer. Me invade una sensación que va más allá de todo lo que existe. El momento se compone de dos y sólo dos cosas. Una mujer y yo.
Las mujeres me hacen sentir vivo. Las mujeres que mantienen su cualidad de mujeres, claro. Y no pasa tanto por lo atractivas que resulten a la vista sino por cuánto mujeres sean. Pasa por sus puntos de vista, por sus opiniones, por sus sentimientos, por su fragilidad, por su fuerza, por sus inseguridades y certezas, por cada una de sus caras, por sus cuerpos desde el pelo hasta las puntas de sus pies, por todo lo que las hace distintas a nosotros, y mujeres.
Creo que la mayor satisfacción que un ser puede sentir estando en este mundo está reservada, por suerte para mí, para los hombres… y es la que se siente al compartir siquiera un instante con una mujer, con todo lo que eso significa.
