Un día de esos que el calendario regala cada cuatro años estaba con dos amigos en la Plaza de Mayo. Un verdadero ícono de la Ciudad de Buenos Aires en la que resido con interferencias no a 20 días desde que salí de mi escondite en el vientre de mi mamá. Lluvia intermitente. Calor moderado pero elevado exponencialmente por lo que más abunda en esta ciudad en verano después de los turistas cargados de monedas extranjeras con valores obscenamentes mayores a nuestro devaluado peso, que es la humedad.
Sentados en un banco de esos cercanos a la Pirámide de Mayo (una de las pocas pirámides del mundo, si no la única, que no tiene forma pirámide) pateando la basura que nuestro Jefe de Gobierno conservador no quiere recolectar siquiera para dar una buena impresión en tamaño lugar turístico.
Y así podría seguir con las oraciones unimembres.
La cosa es que se acerca una mujer de ascendencia afro-algo de unos treinta y tantos (igual siempre es complicado calcular la edad de la gente negra así podría estar errando bastante) cargando, entre otras cosas, un pote de unos 10 Kg símil pintura pero que rezaba ‘Suero lácteo’ en su etiqueta en un idioma foráneo que no hace más que conquistar países y una bolsa de supermercado estándar sin publicidad alguna.
Uno de mis dos amigos sacó a relucir su parte antisemita y comenzó a hacernos comentarios para que mirásemos a la pobre mujer y, acto seguido, a filmarla con su celular. Mi otro amigo y yo comenzamos (al principio disimuladamente y luego sin tanto disimulo) a mirarla y luego procedí a observar con detalle cómo ingería una pasta pseudo-vómito con sus manos desnudas sin recaudos por su extraña vestimenta que de alguna forma no condecía con su condición de inquilina de las calles.
Después de una saciedad aparente, comenzó a comer un durazno o pelón (nunca sé la diferencia) y después a intentar bajar esa mezcla poco atractiva con un líquido de dudosa procedencia contenido en un recipiente huérfano de etiqueta.
Más allá de esto, lo que me llamó la atención fue cómo se puede estar en una realidad sin necesariamente amoldarse a ella. Totalmente ajeno a lo que sucede y en total contraste con el ciudadano estándar que recorre la plaza debajo de un traje de etiqueta. No es la primera vez que lo veo, claro. Pero llego a la conclusión de que la abulia es a veces tan fuerte que se necesita una inyección de realidad de vez en cuando para poder recordar que estas cosas existen siempre.
Cuando una manifestación piquetera se acercaba haciendo ruido por Diagonal Norte, abandonamos el lugar.

Es verdad eso que decis:(cómo se puede estar en una realidad sin necesariamente amoldarse a ella. Totalmente ajeno a lo que sucede y en total contraste con el ciudadano estándar que recorre la plaza debajo de un traje de etiqueta), dónde las personas parecen vivir su propio mundo sin ver a los demás….. pero a vos te parece que los piqueteros sólo estaban haciendo ruido, a mi me parece que no, lamentablente ellos unos de los tantos instrumentos que el “poder” utiliza para seguir generando más poder. Lo importante de la democracia es la diversidad en todos los sentidos, cosa que muchos no pueden tolerar y tratan de contrarrestarla con violencia….. no es la solución. ¿Tanto puede molestar que otras personas no piensen como el “oficialismo”?.